06 Marcelo Bordese
  

Muestras recientes

2006 - El Gran Disparate, Centro Cultural Recoleta.
          Buenos Aires. Con Miguel Ronsino.
2006 - La Voz del Animal Metafísico, Muestra Internacional
          de Surrealismo; Santiago de Chile.
2004 - Colección de arte moderno del Museo Majdanek,
          Lublin, Polonia.
2003 - Extase, Espace Accatone, París, Francia.
        - XLVIII Salón de Artes Plásticas Manuel Belgrano,
        - Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori,
          Buenos Aires, Argentina.
        - Every Pìcture Tells a Story, Museo de Boca Ratón,
          Florida, USA.
2002 - Artistas Iberoamericanos, Musée Chateau Grimaldi,
          Cagnes sur Mer, Francia.
        - Viande: Hommage à Arrabal, Espace Accatone,
          París, Francia.


Marcelo Bordese. La rigurosidad del scriptorium.

En la antesala del taller un mueble-biblioteca contiene insectos disecados, libros antiguos, grabados y algunos objetos raros. Cargados de las marcas y ajaduras producidas por el uso, los diferentes elementos escapan al halo melancólico de lo atravesado por el tiempo para evocar el ajetreo vital del gabinete de curiosidades de un coleccionista de fines del siglo XVI, en el que objetos de todo tipo y orígenes se entremezclaban aguardando ser clasificados y estudiados.
Un balcón plagado de distintas y raras especies de cactus insiste en la misma voluntad ordenadora, enciclopedista. En el taller, las ventanas permanecen cerradas y sobre la mesa de trabajo una única lámpara aporta la cuota indispensable de luz. Vengo de la luz de las velas, señala Marcelo Bordese, la luz natural me molesta, me resulta de una crudeza artificial. Desacraliza. Probablemente sea esa la palabra que brinda la clave para acercarse a la obra del artista. Algo del respeto por lo sagrado rodea toda su producción y si iconografía y procedimiento remiten al medioevo, las ansias de conocimiento y la voluntad exploradora hablan de la sabiduría humanista del renacimiento, la misma que permite al artista afirmar que se siente más un pensador que un pintor. Es entre esas referencias y modelos de la historia que se instala la obra de Bordese.

Así, la atracción por el medioevo atraviesa todos sus trabajos y es evocado en su particular iconografía: multiplicidad de sacrílegas crucifixiones, ofrendas, sermones, santos o siamesas disipadas. Un mundo de venturosas criaturas contranaturas, en eterna copula, libando su sangre o sus heces. A la manera en que las figuras de la historia sagrada o los monstruos medievales se plegaban sobre sí mismos para instalarse en los espacios libres de la arquitectura, sus personajes se retuercen en extrañas posiciones eróticas -como las siamesas de Letrina luxureuse- autofecundándose, ofreciendo sus llagas. Entre la iconografía cristiana del bien y los monstruos y serpientes que encarnan el mal, esas figuras trasiegan entre cielo e infierno.

En el mismo sentido, la referencia a la historia aparece en la realización misma de los trabajos y durante mucho tiempo el artista recurrió también a procedimientos del pasado: como señaláramos más arriba, su preferencia por el trabajo con luz artificial, a la manera de los antiguos scriptorium donde los monjes ilustraban los libros sagrados o, la insistencia, para buena parte de su obra, en la elección del soporte madera sobre la cual raspados y restregados iban en búsqueda de la imagen de los Iconos, una superficie leprosa donde lo atractivo no es lo pintado sino lo ausente, señala el artista.
Formado en biología, estudioso de plantas e insectos, en el último período la obra de Bordese recurre a diferentes naturalias. Así, los cortes o motivos florales y celulares, que antes ocupaban un ángulo de la obra ahora cobran protagonismo y ocupan la totalidad del espacio. En Jardines de Sodoma, ligeras vegetaciones, volátiles, como capilares o algas, sugieren un tenue movimiento. Más brutal, Genitalia infernalia, aparece como una serie marcadamente sexuada y sexual cargada de intenso erotismo. Obras en las que la materia carnosa de la pintura roja se abre y se ofrece, misteriosa y densa, como si se tratara de cortes anatómicos de genitales femeninos.

Lo mismo que en la obra de periodos anteriores, en estos trabajos aparecen escrituras, falsas pistas, que parecen ser certezas científicas. Antes la escritura retomaba textos medievales o simulaba frases en falso latín o griego. Ahora, una cuidada caligrafía imita la tipografía de los tratados naturales del siglo XVIII. Un encuentro entre pintura y escritura que acentúa la referencia a saberes enciclopédicos. También la elección del soporte se ha modificado y la mayor parte de los trabajos actuales han sido realizados sobre tela. Madona con infantes, Jonas y la ballena, Jardin hormonal, Maria Magdalena, son trabajos en los que el artista ha enriquecido la paleta y logra acabados más pictóricos, con pasajes y veladuras nuevos. Bordese ha abandonado los fondos negros de trabajos anteriores para adoptar una paleta más clara, que acompaña el pasaje de los interiores oscuros a paisajes exteriores.

En la obra de Bordese, las referencias y los modelos de la antigüedad revienen una y otra vez. Esa referencia actúa, por un lado, renovando temas y formas, aportando un repertorio iconográfico singular; por otro, aparece como expresión de una actitud existencial de dar forma al mundo interno, a los sueños, perversiones, deseos y temores, siempre primitivos, de los hombres. Como señala el mismo artista, sus trabajos no hacen otra cosa que referir a problemas eternos: Dios, el amor, la muerte.

Maria Teresa Constantin

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